Cartas sin receptor (Primera Parte)
Comienza a salir el Sol, como cada día…
6:00 o’clock …
[Radio]: Puedes comprarnos una bomba atómica de muchas maneras, todas ellas patrocinadas por Dios y la Biblia, por supuesto. Ellos vienen con su propia canción: America, ellos no podrían estar mejor: America… SOMOS AMERICA, DIOS BENDIGA AMERICA… Dios bendiga America y la cima de la colina de su capitalismo porque nadie más lo hará… (Se corta la radio).
Sé, sé que todos nosotros nos levantamos pensando que somos lo que somos. Buenas o malas personas, pero personas al fin y al cabo. Nos miramos al espejo y nos vemos como somos y como nadie más nos ve. Cicatrices maquilladas con sangre que parecen coloretes a nuestros cansados ojos. La envidia refleja en nuestros ojos virtudes de una vida mejor que soñamos y aparentamos poseer, cartas sin receptor…
Entonces, sólo entonces es cuando nos damos cuenta que el silencio es como una fiebre que no nos deja dormir y las mentiras deben llenar cada compás vacío. Cuando la rabia nos consume, pero solo algunos de nosotros explotamos de no alcanzar el techo ni subiéndonos a la escalera. De caernos sobre la mesa que esta justo debajo aunque nuestro amante sea quien nos empuje con la intención de hacernos subir a un cielo que no existe por mucho que lo deseemos. Cuando enfermamos de estupidez, de drogas, de oro, de fama, fortuna y gloria. Cuando mirando cabizbajos y vemos las estrellas deslumbrándonos desde el suelo, cuando el verde recorre nuestras venas pudriendo hasta la última gota de vida. Cuando un monstruo inmenso con nuestra misma imagen pisa fuerte a los individuos enfrente nuestra. Cuando nuestro valor se anticipa a la muerte y cuando deseamos arrancar el corazón del Triunfo para devorarlo con una buena guarnición. Es entonces cuando el odio domina nuestra insatisfecha razón por carencia de sabiduría y decaemos maldiciendo a la jodida estupidez, a las jodidas drogas, al jodido oro y las putas joyas, la maldita fama, fortuna y gloria, a la jodida gente bien vestida, los asquerosos puros caros que fuma DeNiro, los malditos deportivos de millones, las putas de lujo y el resto de cosas en esta vida que nos hace sentir que sangrar, sufrir, para llegar al mismo Fin es la mayor injusticia de todas… Y solo unos pocos restantes de los que quedaban comprenden que no es tanto el Fin ni el Camino como el haber encontrado para ello un sentido, un único y verdadero sentido.
