Train of Thought

February 25, 2008

La creación de un ángel

Un último golpe azotó su mejilla y callo de bruces al suelo. La nieve le mojaba la cara pero apenas si sentía el frió que podía causar. Su sensibilidad había muerto durante la pelea hacia rato ya, apenas notaba a estas alturas el sabor de la sangre, tan cobriza, sobre la lengua.

Se levanto sacando fuerzas de donde no las había y miro hacia la oscuridad. ¿Qué demonios podía destruir muros tan firmes con tanta facilidad? Miro hacia el cielo como si esperase que el próximo golpe viniese de ahí arriba, pero solo vio sombras y la luz, aquella luz de luna llena que bañaba el bosque con una tétrica magia.

Pronto advirtió que su enemigo se acercaba hacia él de una forma descomunalmente veloz. Noto los dientes, noto el frió, sintió el fin del juego, vio como él estaba fuera de si mismo…

El Renacer de un hombre

“Abrí los ojos y vi que me encontraba en la más absoluta oscuridad. Una luz brilla tras de mi y, tenuemente, iluminaba mi rostro y mi silueta. Comienzo a andar sabiendo que esta comenzando el final. Recuerdo las visiones y palabras de promesas de salvación, la resurrección de un hombre perdido. Escucho los susurros de esa figura ante mí:

- ¿Estas aquí esperando por tu Dios y por el símbolo de tu fé? Yo puedo liberarte de este mundo que te esclaviza y te hastía. Solo tienes que tomarme de la mano, hijo mió. No habrá nada que pueda resistirte a ti, confía en mi y serás el elegido.

He olvidado como se puede romper un alma, como se puede reducir a pedazos un corazón. Como la fe de cada humano puede reducirse a cenizas a ver marchito todo aquello que amó…

- ¿Estoy aquí esperando por mi Dios? ¿Eres tú el símbolo de mi fé?

No puedo decirte como vivir ni mi propia vida. No puedo defenderme de aquello que no se lo que es. Soy un sirviente del destino y esclavo de la incertidumbre. Para mi esto no es más que una pesadilla de la que nada podré recordar una vez me despierte la llamada de los ángeles. ¿Creo que el mundo es mucho más? Quizás tú eres algo que no puedo explicar, algo que me supera, algo que está fuera de este universo terrenal, quizás debería arrodillarme para pedir redención… Redención para la humanidad. Todo lo que he creído siempre pisoteado aquí, en mi lecho de muerte. Y si apenas me hubiese parado a pensar que pudiese estar equivocado se me habría concedido tal perdón…

Pero no, esa locura solo es causa de la falta de sangre en mi fría cabeza…

El hereje:

Entonces todo cambia, de la luz aparecen las llamas. Pero no una cualquiera, una azul y plateada. Figuras encapuchadas me rodean y una de ellas, la más alta se acerca hacia mí. El paso es lento. La respiración entre cortada, parece ser una persona de avanzada edad. Se detiene a pocos pasos de mí y retira la ajada capucha negra de la cabeza. Se descubre entonces la cara de un anciano de larga cabellera blanca y ojos grises, intensos y perforantes.

- Bienvenido. Hemos estado esperando este momento largo tiempo. Todos nosotros, tus creyentes, hemos tenido siempre fe en ti, pues no en vano los ángeles sucumben por ti, hereje, no en vano los demonios sangran por nosotros.

Sigo sin comprender del todo a que se refiere el anciano. Continúa hablando sobre sus creencias en mí, en mi búsqueda secreta, la batalla: Tenemos una gran batalla que luchar, trascendental.

“Los ángeles sucumben todos por ti, hereje. Los demonios del abismo sangran por nosotros”

No paran de repetir tal rezo que, sinceramente, me pone los pelos de punta incluso a mí.

Entonces comienzo ha sentir algo en mi interior: no estoy solo yo. Un poder comienza a apoderarse de mi, aquel que me llamo hijo, irónicamente rompe mis entrañas ahora en un intento de destruir mi ultimo atisbo de cordura y salir de la cárcel que mi cuerpo y mente le confieren.

Aquellos rezos pasaron a ser promesas a un señor oscuro que intentaba dar a luz por cada poro de mi piel. Sentía como si muriese una y otra vez, pero a la vez me sentía más enérgico, más poderoso. Menos vivo, sí, pero menos vulnerable a la muerte también.

Mis ojos se encendieron como si los 7 infiernos de Dante ardiesen en mi interior.

“Lucharemos, y no nos rendiremos jamás.
La carne será cortada y atravesada
Nuestros enemigos desterrados al pozo sin final.
Liberaremos a la bestia.
Daremos la bienvenida a aquellos que quieren destruirnos a su final
Su tiempo ha llegado.
El miedo se apoderara de sus almas
Y su sangre rebosara en nuestras copas…”

Corrió la sangre, cayo el cielo sobre el mar. La tierra rugió y el fue destruyo cada pedazo de vida salvaje habida y por haber. El fin de la lucha interna llegaba a su fin. Con toda esperanza perdida, cualquier bien en su interior llegaba a su ocaso con cada segundo, la luz se hacia más tenue y la oscuridad parecía cubrirlo todo, mucho más que ayer…

- ¿Es esto por lo que quiero luchar? ¿Debí comenzar una batalla que acabara con mi propia voluntad? ¿He perdido a estas alturas mi fe? La sangre que mancha mis manos no me demuestra aquello por lo que saque fuerzas para luchar, la razón por la que he llegado a matar. ¿Acaso mi locura es tal que llegue a asesinar por la locura de aquellos que piensan que estas muertes complacen las fuerzas que nos han de dominan? Mi alma muerta no puede ser de nadie más.

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