Cuando los muros caen
Arrastrándome por los recuerdos de mi vida, la impresión de que una lágrima esta cerca corre por mis venas y explota en mi cabeza. Una enorme mano, que no existe, estrangula mi garganta haciéndome sentir un nudo contra la nuez que angustia cada trago de saliva que necesito dar.
Creía estar en la cima de una montaña y se me olvido mirar hacia arriba en vez de hacia abajo. Todo parece muy fácil si se ve tan pequeño, todo parece más complicado si puede aplastarte con un solo movimiento.
Aquel que nunca haya cometido un error que levante la mano para que pueda partírsela por mentiroso. Aquel que nunca se haya arrepentido que alce la voz para poder gritarle que se calle. Porque todos somos humanos y nos traicionamos mutuamente por amor a la razón, nuestra razón.
“¿Y que hacemos cuando el Mesías cae de rodillas, rendido, porque no encuentra la solución? ¿Y que hacemos cuando la paciencia esta tirada en un rincón con una botella de tequila en una mano y la ultima cerveza en la otra, intentando calmar la desesperación? ¿Y que hacemos cuando la oscuridad es más tranquilizadora que esa maldita luz que te quema los ojos y no te deja ver más allá, eso que te toma la mano y le da calor?
…
¿Qué puede hacer el lobo cuando los cepos atrapan sus cuatro patas y, herido, sólo espera la ayuda de ese felino que le mira fijamente?
Pues sentarse y esperar, sentarse y esperar a que este ultimo analice la situación, a que vea que el depredador esta demasiado abatido para morder, demasiado cansado para atacar.”
Cuando los muros se vienen abajo, sólo queda esperar a las fuerzas para reconstruirlo otra vez.
