Tras la guerra
Ríos surcando la piel desembocando sobre la estupidez del fracaso. Son momentos como estos cuando la madurez se convierte en esa gran enemiga que te traicionó…
Corrían los recuerdos sobre hielo mojados en un amargo fuego y envueltos por vidrio adorando al olvido y deseando un final. La piel se erizaba y el frió sudor recorría cada extremidad. Le comía el deseo de hacer arder el mundo entero para sentir calor por las calles al caminar entre las llamas que surgían de su propio cuerpo. Se tambaleaba para encontrar una razón feliz que le hiciera volver a la cama. Y la encontró, y la deseo, y la amo, y cuando creyó estar seguro de la verdad, el frió le abofeteo la cara para despertarlo de la realidad y volver a ese maldito sueño.
¿Podrás volver a ayudarme a ponerme en pie después de esta guerra?
Y si intentas volar, yo estaré abajo esperando para que no te caigas.
