La eterna noche oscura
Nadie teme hablar del terrible peligro que se esconde en ojo de la noche.
Él se alza sobre el oscuro caos. Todo es siniestro.
Alza la vista, le enferma la mirada de un monstruo a lo lejos.
No existe el miedo, la alegría, la amargura… Si acaso el dolor para alguien que es de piedra sobre carne. Para la sangre que fluye tranquila ante la mismísima cara del odio.
Aprendió hace mucho que la impaciencia solo lleva a más desastres y no hay motivo para más destrucción. No comprenden que aunque su rostro de marfil jamás se vuelva a tallar con otra mueca, en su fuero interno se libra una batalla constante. Su voluntad, su confianza en si mismo son demasiado fuertes para caer ante un demonio tan patético como la envidia, los celos, la presión. Es el fuego puro, el calor.
Comprende, espera, observa. Sabe, pero no alardea. Tranquilidad. Hace falta más que la arrogancia de una listillo para hundir su muro impenetrable. Templanza.
Sabe con toda seguridad que no hace falta un enorme poder mas que el que la seguridad en uno mismo puede otorgar: Lo que esta bien, lo que esta mal, como actuar, como proteger lo más querido. Sabe que las mentiras saben dulces con la justa proporción de lágrimas. Que el rencor es la única motivación de las personas que no son capaces de asumir su orgullo y lo vuelcan contra lo que más quieren. Que la vanidad es eficaz en pequeñas dosis pero en grandes cantidades te convierte en un ser estupido.
Todo tiene su causa y él es la suya propia. Decidido pero prudente. Atrevido pero paciente. Sabe que el momento llegará. No hay que forzar al propio tiempo.
Pero no es el ser perfecto, solo es como le han enseñado a ser lo elementos, el tiempo, el mundo cruel. Es consciente de que soporta cargas que hundirían a cualquiera en miles de pozos distintos (odio, depresión, desesperación…), es consciente de lo que supone soportar esa carga sobre sus hombros y sabe que en algún momento necesitara rebajar esa presión y el mal acumulado puede ser cruel al liberarse. Pero él sabe como mantener el equilibrio. Él se mira en el espejo, lo ve, sabe quien es, hasta donde puede llegar, donde se le paran los pies. Sabe que esto es bueno, puede mirar por encima del hombro a los que no se conocen más allá de su propia vanidad.
Pero es humano, nada más. Puede fracasar.
