Mi historia favorita
Mi cuento de hadas se terminó. Comienzo a leer una historia mucho más atractiva. Más sugerente. Siempre preferí la seducción, la picaresca incluso la sangre bañando los labios que las mamarrachadas de rostros bonitos y finales felices de personajes que no ven más allá de sus narices rojas de la embriaguez de “buenos sentimientos” de sus propios cerebros derretidos por el apabullante calor de ese hermoso Sol de verano junto a un enorme castillo. Ese príncipe, esa princesa… ¡Puaj!
Siempre fui más realista que todo eso.
No es una odisea, no hay héroes, ni largos viajes, ni siquiera villanos que derrotar pues si tuviera que contar todos esos que podríamos clasificar de “malos de la película” jamás acabaría de exterminarlos. No es tampoco ningún relato de ciencia-ficción, pues el único misterio increíble es como esto llego a pasar.
Mi historia comenzó un sábado como otro cualquiera en una noche como otra cualquiera. En la misma calle de siempre. Pero algo lo cambio todo.
Lo imposible pareció alcanzable y por un minuto, dos tortugas salieron de su concha para mostrar que, aunque el mundo es cruel, existe un pequeño rinconcito del mundo donde sentirse bien.
Ahora leo esta historia y me gusta aún más. Es muy YO, es como leerme en un espejo a mí mismo. Y me gusta, ¿sabes? Me gusta.
