Dulces sueños (LtL cap.3)
“Una vez se marchó su amigo, observó que volvía a estar completamente solo y pensó en retomar su trance. Encendió el flexo y cogió otro trozo de papel cualquiera. Cerro los ojos e imagino que quería escribir y recordó aquella foto, la imagen de aquella joven que su amigo le había enseñado, la de aquel magnifico ángel. Tomo aire y lo soltó pausadamente y con la tranquilidad que se respiraba en el ambiente empezó a escribir lo primero que se le vino a la cabeza…
…Y no es suficiente aun así toda la riqueza y la belleza del mundo al compararla contigo, pues aun así, hasta el oro parece negro y despreciable; el sol parece una mera imitación de esos ojos. Tanta pureza y hermosura no parecen reales, ni en un sueño puedes esperar ver algo así, pero alguien robo un trozo de cielo y piedras preciosas, y para darle forma lo amo con todo su ser. Princesa de la torre de marfil, divina hermosura, fuego y agua unidos entre sí. Lo imposible, lo inimaginables y aun así está ahí. Preciosa entre todas la flores, flores del jardín prohibido, el Edén. Mire a sus ojos y vi un universo de color, de sentimientos, de pura pasión que recorrió mis venas y me produjo un escalofrió y a la vez un intenso calor. Más allá de toda realidad, pensé, que no fuera a encontrar tal escultura viva de la belleza en sí…
PUM!
- Joder, ¡¿Es que no puede uno escribir tranquilo?!- gritó debido al ruido que provocó su madre al entrar en casa. Pensó que ya no volvería a concentrarse. Así que, simplemente, lo dejó y pasó la noche…
Al día siguiente cogió el trozo de papel y se lo llevo consigo, no había clases y pensaba irse a un lugar apartado donde poder escribir. Conocía un lugar cerca del río donde había un enorme sauce llorón que le encantaba, era majestuoso. Y a la sombra de este se sentó con la intención de seguir con su escritura.
- ¡Oh!, ¡Maldita sea! He olvidado la música y la pluma… En fin, volveré ahora…
Y se marchó en busca de ello dejando allí la carpeta con sus escritos.
No tardo más de siete minutos en volver cuando vio que había alguien sentado apaciblemente junto a sus cosas bajo el sauce llorón.
Por un momento creyó tener alucinaciones y se restregó los ojos, volvió a observar que aquella persona seguía allí. Se trataba de aquella chica, la de la imagen. En la que llevaba pensado desde que vio por primera vez en aquella foto. No daba crédito a lo que veía pero aun así se apresuro a acercarse. Tragó saliva y se dirigió a paso firme hacia ella.
- Ho-ho-hola, ¿Qué tal?- intento pronunciar mientras veía lo estúpido que parecía en aquella situación.
- ¡Hola! Bonito día, ¿verdad? ¿Son tuyas estas cosas? – respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
- S-s-sí. Jeje, las había dejado aquí mient…
- Así que tú eres el autor, ¿no?- le corto mientras seguía con aquella sonrisa dibujada en su dulce rostro.
- Bueno… sí, jeje.
¡Dios! ¡Es preciosa! Mucho más hermosa de lo que creía. Pensó para si mientras la observaba delicadamente. Iba vestida con unos vaqueros y una camiseta de tirantes blanca de lo más normales, pero aun así lucia como si fuera con las mejores galas. Llevaba parte de la larga melena rizada recogida en un moño y lo demás suelto sobre los hombros y el rostro sin maquillaje. ¡Ni falta que le hace! Seguía pensando mientras hablaban y poco a poco se iban conociendo. Era de lo más natural y aun así completamente casi divina. Su voz resonaba en los oídos como el más dulce cantar que hubiera imaginado y de pronto se sintió totalmente a gusto, aquella fragancia que desprendía lo embriagó y llego a pensar: ¿por que iba a tener miedo o timidez cuando estaba en uno de los mejores momentos de su vida?
Pasaron las horas y casi cayó el anochecer. Llevaban horas hablando y era algo maravilloso escucharla, como se expresaba, como gesticulaba, toda una delicia para sus sentidos.
- Bueno a veces yo también hago lo que tú.- dijo ella.- A veces escribo para aliviar algo de lo que siento, pero no tanto ni tan bien como tú, jeje.
- Bah, no te creas, no se hacer mucho mas que dejarme llevar por lo que siento en el momento que cojo la pluma…
- Sí, pero escribes unas cosas preciosas, me encantan. ¿Cómo lo haces? ¿De donde sacas todo eso?
- Del laberinto de mi mente…Digámoslo así…
- Ahmmm. Pues… ¡me gusta el laberinto de tu mente!
- Jajajajaja, a mí sólo a veces…
- ¿Y eso?
- Bueno, no siempre pienso cosas que me gustan.
- Pero eso nos pasa a todos.
- Ya…Jeje, ¿sabes? Realmente muchas de esas cosas las he escrito pensando en ti…
- Jajajaja, no me tomes el pelo, ¡hombre!
- Jeje, si, será eso…
- ¡Oh! ¡Mira que tarde es! Lo siento muchísimo pero tengo que marcharme si no, ¡me matan!
- No pasa nada, yo te protegeré.-dijo sacándole la lengua en un gesto de cariño.
- Jeje, ¡ojala! Bueno ¡me marcho! – y se acercó para besarle en la mejilla. ¡Adiós, poeta!
- A-adiós…-tartamudeo aturdido todavía por el roce de aquellos labios, pero de pronto reaccionó como debía. – ¿Nos volveremos a ver?
- ¡Por supuesto que sí! – le respondió ella al tiempo que le guiñaba un ojo.
Y con una gran sonrisa y el orgullo de haber estado con ella todo aquel tiempo, recogió sus cosas y se marcho a casa. Esa noche sabía que no había razón para temer a la oscuridad: Dulces sueños, princesa.- suspiró.”
