…y princesas (LtL cap.1)
“- ¿Alguna vez has visto un ángel? – preguntó a su compañero mientras buscaba con afán en el interior del cajón de la comoda.
- ¿Un ángel? ¿A que te refieres? ¿A esos seres celestiales con alitas, arpa, sin sexo definido y de divina belleza? – respondió con voz socarrona.
- Jajajajajajaja, no m hagas reír, estupido. Sabes que no me refiero a eso. Mira, y entenderás por que te cuento todo esto.
Al contemplar la imagen de aquella joven, el universo se detuvo un instante y el reloj espero a que él volviera a la tierra. Nunca en la vida había observado tanta belleza; sintió admiración y al mismo tiempo desden por todo lo que rodeaba a aquella figura divina. Se trataba de una chica joven de expresión inocente y alegre. Una piel que nada tenia que envidiar a la nieve virgen en blancura y pureza donde resaltaban unos labios que parecían arder y dos soles esmeraldas producían una mirada profunda a la vez que pasional. Su melena tenia un aspecto sedoso, casi frágil, pero sus tonos rubios y rojizos le daban aspecto de un fuego arrebatador irradiante de energía y vitalidad recorriendo esos tirabuzones que le otorgaban aspecto de muñeca de porcelana. Su figura, como la de una diosa griega, era totalmente diamantina, frágil y a la vez de una cierta dureza rebelde.
Ni en sueños podía haber imaginado tanta perfección en una sola criatura.
- ¡Ah!, ¿Pero eso existe?
- ¡Pues claro, bobo! Es preciosa, ¿verdad?
- Ya lo creo…- sonrió.
- Bueno pero ya sabes lo que dicen… Las rosas, por hermosas que sean, pueden tener espinas…
- Pero es imposible que este ángel pueda ser mala persona.
- Bueno no he tenido el placer de conocerla, pero no hay que fiarse de las apariencias.
- ¿Ya está? ¿Has armado todo eso solo para decirme que no hay que ser superficial ni creerse todo lo que uno ve? –gruño señalando el montón de ropa acumulado que había delante de la comoda.
- ¡De nada! –exclamó indignado. Quizás alguna vez te haga falta recordar eso pues somos los humanos los únicos seres que, aunque sepamos el riesgo que corremos por nuestros actos, los cometemos. Somos así de “inteligentes”.
- Bueno, no te lo tomes a mal, pero yo nunca me dejare llevar por lo que veo, me gusta pensarme las cosas y ya sabes que pienso de la gente que ignora lo que hay dentro de las personas que lo rodean.
- Y me alegro de que pienses de esa manera, pero joder, ¡No me digas que, fuera como fuera por dentro, tu no intentarías algo con esta princesa!
- ¿Sabes? Prefiero un beso con el corazón que con los labios solamente, son más dulces.
- Para eso inventaron el cacao con sabores, capullín…- respondió mofandose de su amigo.
- Si, si, ríete todo lo que quieras, pero me darás la razón cuando lo veas por ti mismo.
- …”
